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domingo, 15 de septiembre de 2013

A menos de 3 meses de las elecciones presidenciales, y con 9 candidatos en competencia, los indecisos son menos que en años anteriores. Y personalmente, me parece excelente que sean muchos los que se la juegan por ser presidente del país. No tiene sentido tener 2da vuelta si se presentan 3 candidatos. Precisamente, en estos contextos, las estrategias de campaña y la competencia que se generará, deberían regalarnos buenos frutos para nuestra democracia.

Uno de los clásicos de estos meses, es el “anhelado” debate presidencial. Seamos honestos. ¿Es posible realizar un “efectivo” debate entre 9 aspirantes? Yo creo que no, ni siquiera en los últimos años, con 2 o 3 candidatos hemos visto un auténtico debate. Más bien lo que conocemos es un interrogatorio de pregunta-respuesta y posteriormente una exposición final. Pero de debate: menos futbol que el Colo-Colo 2013.

Sin embargo, un escenario donde se puede generar un efectivo e igualitario debate es el que ocurre (o debería ocurrir) en las redes sociales. Las posibilidades que tenemos de enfrentar cara a cara a uno de estos 9 personajes son bajísimas. Me gustaría conocer a alguna persona que haya tenido la alternativa de al menos saludar a todos los candidatos. Pero en facebook/twitter, todos deberíamos tener a algún partidario de todos los postulantes.

Sin embargo, veo que en nuestras redes, el debate aparece bien poco. Y lo que suelen dominar esta cancha son: Las barras bravas de la política (Insertenombredecandidato + Lovers = Bacheletlovers – Claudelovers y así sucesivamente)

Ese ciudadano que no acepta una queja ante su “elegido” Que lo sigue a todas partes. Implacable ante el error del adversario (sin importar si es una cuestión sin relevancia) Ciego ante la falla terrenal de su opción.

Suelen ser garreros con buenos bombos, lienzos, canticos, y cuanta parafernalia encontremos en un estadio. Pero de futbol: De ideas y propuestas, bien poquito la verdad. Y con esto no propongo un “estadio seguro” en las redes sociales (Por favor, con un estadio seguro, es suficiente) Pero si realmente nos interesa debatir y discutir asuntos públicos como educación de calidad, sistema de pensiones, nueva constitución, fin al binominal, y cuantos otros temas. No nos sirve de nada, que nos organicemos para colocar a nuestro candidato en los trending topic durante un parte horas y que pensemos que con ese ridículo logro ganamos la elección (y somoh loh máh grande, somos Chile en lenguaje de barra)

La política actual se ha convertido en una política de trending topic. Importa más cacarear el huevo, que el huevo mismo. Pero nosotros, ciudadanos apretujados en el metro y endeudados con el crédito universitario. ¡NOSOTROS! no podemos tener cara para quejarnos del “paso” de X candidata y no ser capaces de responder con argumentos, el por qué elegimos a ese pelotud@ para webiarlo en twitter los próximos 4 años. 

Sergio Bazaes

lunes, 19 de agosto de 2013



Por: Eduardo Faúndez

Corrientemente los candidatos a cualquier cargo dentro del abanico de posibilidades que ofrece nuestro sistema político, presentan en tiempos de campaña impecables folletos en los cuales detallan sus propuestas, sus proyectos, sus promesas. Es cosa de ir a una feria libre una mañana de fin de semana, seguramente salgamos con más de uno en las manos.
La primera etapa de estas presidenciales tuvo algo de lo descrito. La generalidad de los candidatos expuso, ya sea en sus campañas o en los debates televisados, una parte de sus propuestas en los distintos ámbitos, destacando, sin lugar a dudas, las respuestas a la serie de conflictos valóricos por los cuales pasa el país hoy. Los ojos y oídos del electorado estuvieron puestos en las posturas que ellos asumen en temas como el aborto, las drogas, el matrimonio entre homosexuales, entre otros.

En resumen, los otrora candidatos de la derecha y Orrego mantuvieron una tibia visión sobre estos puntos, siguiendo con los criterios que históricamente los partidos que los respaldan tienen. Mientras Orrego aullaba que ser católico no es una inhabilidad para discutir temas valóricos, la derecha negaba toda posibilidad de avanzar en modificar algunas de las regulaciones indicadas, salvo el ya célebre AVP o AVC.

Por otro lado, no es desconocido que el único candidato que tuvo una postura radical y consistente en estos temas fue Velasco. Cada una de sus propuestas en estas materias no estaban sujetas a regateos ni a letras chicas: matrimonio igualitario con posibilidad de adopción, aborto en caso de violación, eugenésico y terapéutico, despenalización y autocultivo de la marihuana. El ex ministro de Hacienda se sumó en su campaña a la causa en el que algunos ya llevamos tiempo, la causa de las libertades públicas.

¿Y Bachelet? Era de suponer que la representante de la centro izquierda institucional y amplia, “progresista” y moderada, plantearía similares propuestas a las de su ex ministro, pero no fue ni es así. Basta con revisar su página web para darse cuenta, luego de una búsqueda exhaustiva entre sus escasos planteamientos, que poco y nada hay de aquella llamada “agenda valórica”, salvo una propuesta de una nueva ley de culto, que no sé qué conflicto vendrá a solucionar en concreto. En este panorama, no sólo es reprochable que Bachelet lleve, sin vergüenza, una campaña “del silencio” en gran parte de los temas que son objeto de debate en una presidencial, sino también, en especial, que no se manifieste respecto a ninguno de los tres temas valóricos indicados, por lo cual debemos entender que impera su “paso” y “no está en mi programa” sin restricciones.

¿Cómo deberíamos entender este silencio? ¿Qué hay detrás de la omisión de planteamientos que llevan años en las portadas nacionales? O siendo más concreto, ¿Qué pensará Bachelet y su comando sobre aquella niña de 12 años que siendo violada por su padrastro ahora será madre sin estar preparada emocionalmente para ello? Silencio, un silencio que incluso se escucha.

Bachelet en esta pasada no juega ni con la camiseta que muchos de nosotros rechazarían, el conservadurismo. Peor que eso, juega con el silencio, con la omisión, con la incertidumbre y la vacilación. Bachelet ni siquiera entra al debate de estas libertades públicas, para muchos tan necesarias. No las acepta, ni las rechaza, no las defiende, ni las limita, no merecen ni siquiera una línea en su escrito de programa de gobierno. Nefasto y petulante. La candidata ni un guiño hace a la facción liberal de la ex o actual concertación, aquella que en parte votó por Velasco, demostrando que, con los porcentajes actuales, basta y sobra.

Las razones del silencio son claras y la candidata lo sabe. Su mutismo selectivo se explica por el 73,06% obtenido dentro de las primarias de la Nueva Mayoría. Moverse dentro de las propuesta liberales y/o progresistas significa perder votos de sus principales votantes, la clase media baja y los adultos mayores, dominantes dentro del padrón electoral en donde ese voto en más reacio a cambios valóricos. Tales votantes se preocupan, y con justa razón, de propuestas que concretamente constituyan una mejora económica en sus vidas.
En este escenario es evidente la muy poca vocación de mayoría ideológica y cualitativa que tiene este refrito de la Concertación, aquel que, revisando el equipo económico del comando, sólo eso tiene de liberal. El emblema de la Nueva Mayoría no tiene ánimos de mayoría, padeciendo un “sedentarismo político-electoral”.


Repitiendo, en parte, una pregunta antes planteada, ¿Qué les diría Bachelet a aquellas niñas que producto de una violación quedan embarazadas y que el Estado obliga, bajo amenaza de castigo, a parir al hijo de su agresor, condenándolas posiblemente a la temprana pobreza? El silencio, para ellas, no es una respuesta ni menos una solución.
Sea cortés, ande con cuidado, eduquese lo mas que pueda, respete para que lo respeten, y que Dios nos ampare.