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lunes, 5 de agosto de 2013


Por: Eduardo Faúndez

La política universitaria lleva años navegando por un mar revuelto, donde pocos y diestros pescadores se han llenado sus botes de peces perdidos y obnubilados por discursos cruzados. Poco dista este escenario de lo que sucede en la política “de grandes”, aquella que se hace “en serio”, pero no seriamente. Se replican los modelos y las prácticas. Cada pandilla, en uno u otro nivel, se vale de su número de votos obtenidos como capital endosable al candidato de turno, sin ser en la práctica, voces consideradas en la  confección de un proyecto político en común y viable.

Algunos de los últimos eventos lo han demostrado. Al repudio desaforado que el órgano superior representativo expresó ante un curtido profesor, el desorden  y desastre material dejado por las tomas en algunas facultades y escuelas una vez bajadas, se suma el silencio cómplice de algunos sectores que llevan años planteando en cada instancia que acuden la apolitización o despolitización del quehacer universitario. Unos ya salieron a pescar con poco éxito, otros esperan recoger lo que bote la ola luego del temporal.

¿Qué los hace semejantes? La falta de responsabilidad política sobre sus actos y omisiones. La política y todo quehacer en un espacio social, no sólo se aprecia en el ejercicio de la libertad de decidir qué hacer o no, cimentando la identificación de “los otros” con un ideal “propio” formado por aquellas decisiones circunstanciales, sino también que una vez tomadas y ejecutadas ellas, se debe asumir cabeza gacha sus efectos y consecuencias, bien o mal tomadas por igual, sin derecho a reclamo ni pataleo.

El indispensable escrutinio público sobre las acciones y omisiones que los principales líderes políticos universitarios de hoy ha sido inexistente, y si es que ha existido, se ha bien camuflado en la parafernalia de una avalancha excesiva de discursos, marchas y banderas vistosas. El mayor desprestigio de este movimiento, en el fondo, no ha venido de los frecuentes incidentes y desmanes callejeros, sino de la poca consistencia y perseverancia de sus líderes en la búsqueda de nuevas formas de movilización responsable que marquen la diferencia respecto a una forma de hacer política ya cansada y añeja, esa que ellos mismos critican. La dirigencia política universitaria requiere de lo mismo que exige: mayor transparencia en la administración y gestión financiera, mecanismos de control imparcial permanente, perfeccionar el sistema de elección de los representantes e incluso transparencia en el financiamiento de las campañas a centros de estudiantes y federaciones.

Dos puntos deberían convocar a nuestra reflexión. El primero, la inexistente intención de asumir su responsabilidad de los actores políticos dentro de las universidades, como también el nulo reproche que los estudiantes votantes expresan ante prácticas que siguen intactas a pesar de que varias generaciones de dirigentes hayan pasado, sin pena ni gloria. Y segundo, quizás lo más importante y de fondo, la incapacidad de todo el espectro universitario de repensar los modos en que se presentan las legítimas demandas de los legítimos movimientos.

El fracaso ha sido de todos, de los votantes y de los votados. Optimista espero que algún día no digamos, como lo dijo alguna vez George Bernard Shaw, que “la democracia sustituye la elección por parte de muchos incompetentes por la designación a cargo de unos pocos corruptos.”.  Si buscamos la innovación en la política, los jóvenes tenemos biológicamente el espíritu de iniciarla. Rescatar del naufragio a la democracia universitaria depende de todos. ¿hagámonos responsables de ella?  Acción!

lunes, 24 de junio de 2013


 Ciudadanos, hermanos, hermanas, amigos y enemigos, porque sencillamente no podría concebir que todos sean mis amigos y no quiero excluir a nadie de mis palabras. En estos momentos se forma ALI y la pregunta es: ¿Qué rumbo debemos seguir de aquí adelante? o ¿Y ahora qué? a mi humilde comprender la cuestión solo nos quedan dos salidas: el voto o la piedra.
 Todos acá estamos metidos en un mismo barco, aun que no lo crean, todos acá comparten sentimientos supraindividuales que van más allá de ustedes mismos, incluso, que serán compartidos por personas que tal vez jamás conocerán. Todos nosotros hemos sufrido aquí, en esta universidad y sociedad, de una forma u otra: La opresión de elegir entre tres alternativas que no son ninguna alternativa, la discriminación de no ser escuchados y la degradación social de no poder discutir sin siquiera ser insultado por disentir. Ahora bien, que hablemos así no quiere decir que seamos apolíticos, resentidos ni odiemos a nuestras autoridades; pero si no hacíamos esto ahora, me parece que estarán ustedes de acuerdo en que nos íbamos a ver obligados a escoger entre la piedra y el voto. Actualmente, dentro de todo este caos social, debemos escoger entra una cosa y la otra. Esto no quiere decir que el tiempo se nos vaya acabando, ¡El tiempo ya se acabó!
 El 2013 amenaza con ser uno de los años que más nos marque como agentes de cambio y que nos vamos a arrepentir de sobremanera cuando miremos hacia atrás y nos demos cuenta que no hicimos algo además de ser manipulados como borregos directo a un matadero. El 2013 será un año que nos va a marcar a fuego, ¿por qué? Es el año en que los políticos anticuados, los movimientos políticos que representan el 10% de la universidad y los ladrones de siempre volverán a meterse en nuestras cabezas para engañarnos y sacarnos nuestro voto. El año en que las mismas caras volverán a meterse con ustedes y conmigo con sus falsas promesas (educación gratuita, igualdad, fin a la delincuencia y mayor libertad), alimentando nuestras esperanzas para luego dejarnos de lado con sus trucos y sus traiciones, todos nos mienten porque sus intenciones no son compartidas con las nuestras.
 No me considero un político ortodoxo, ni siquiera soy un estudioso de la política; la verdad es que apenas si estudio algo. No soy de izquierda, no soy de derecha y muchas veces ni siquiera me considero chileno. Esta instancia es para hacer despertar de una vez por todas a los 7.000 y más víctimas de este sistema político universitario, de llevar a la urna al 40% que se abstuvo en las municipales pasadas. Ellos –al igual que yo- están empezando a abrir los ojos. Están empezando a ver a lo que solo miraban. Se están haciendo políticamente maduros. Se están dando cuenta que hay nuevos pensamientos que van de Norte a Sur más que de un lado al otro. Como ven estas nuevas tendencias políticas, le es posible ver cada vez que hay elecciones, todos dejan de lado sus principios y se vuelcan a pactar cuando las carreras resultan apretadas.  Bueno, ¿Y eso qué quiere decir? Quiere decir que cuando los actuales políticos están divididos equilibradamente y si los que nos sentimos ajenos a ellos tuviésemos un bloque propio de votos, nos tocaría a nosotros determinar quien irá a manejar los $60.000.000 de Federación  y quien irá a parar al callejón de los meados.  Fue la abstención, el voto nulo, blanco, los votos por Felipe Camiroaga los que instalaron a la UNE en Federación. El voto de ustedes, el voto estúpido, la omisión ignorante, el nulo mal gastado de ustedes fue el que instaló a un movimiento que representa a menos del 10% de nosotros al mando de todos, una administración que se gasta más de cien mil pesos en planes de Iphone, miles de pesos en cadenas para marchas simbólicas y cientos de muchos más que los dedican a hacer propaganda en vez de invertirlos en aquellos que representan. Y lo peor de todo, es que ese dinero viene de nuestros aranceles, de nuestros fondos solidarios porque se los pasa la Universidad; rectifico, lo peor de todo no es eso, lo peor de todo es que veo a los líderes de todos los movimientos políticos que han  manejado la federación callando todas estas injusticias, porque ellos también lo han hecho. Es más, esos líderes de ustedes y míos tienen la osadía de andar aplaudiendo por ahí y decir cuánto progresaron en su mandato. Todos dicen que avanzamos, mientras yo estoy aquí solo, congelándome.

 Ellos reciben nuestros votos, nuestra atención, nuestra representación, nuestro dinero, nuestros futuros y, después que los reciben, ¿qué recibimos a cambio? Todo lo que hicieron  para llegar a ese sillón, todo lo que mintieron para sacar nuestro voto, todo lo que se movilizaron para coaccionarnos a votar incluso por temas de amistad. Todo lo que hicieron fue alimentar a las mismas bocas de siempre, a esas bocas que ya habían sido alimentadas. Eso de que están de nuestro lado es solo camuflaje, eso es un truco, es una traición. No estoy tratando de derribar a la izquierda a favor de la derecha, porque la verdad es esta: Mientras los tres movimientos, las dos coaliciones y los mismos de siempre los pongan en la papeleta en el primer lugar… ellos los podrán en el último lugar a ustedes.
Nicolás Bezama
Corría el año 1974. Muhammad Ali y George Foreman, dos gigantes del box. ¿Lugar? Zaire. ¿Emoción? Mucha. Tanta que se organizó un festival de música tres días antes de la pelea denominado Zaire 74’ y en el cual participaron algunos “pequeños” artistas como James Brown y B.B. King. ¿Qué ocurrió?  Ali resistió los duros golpes de Foreman hasta que en el octavo round lo atacó y noqueó, convirtiéndose en campeón mundial de los pesos pesados por segunda ocasión. El mítico “Ali, bumayé” (Ali, mátalo) nació ese día.

Claramente, tenemos mucho que envidiarle al ganador de esa pelea. Por otro lado, tampoco es que queramos matar a alguien. Estamos aquí por otras cosas.
Para comenzar, creemos en la transparencia, así que partiremos diciéndote quienes somos. Somos Acción, Libertad e Igualdad (ALI), movimiento político nacido dentro de tu universidad, la Católica de Valparaíso.

Creemos también en la necesidad de cambios en la política universitaria que se está llevando en la PUCV. Estamos cansados del juego bipolar. No nos interesa proponerte “Unidad” para luego pasarte la máquina por encima. No queremos dejarte fuera de tu asamblea para que no opines. Tampoco nos interesa decirte que está todo bien, que la universidad no es lugar para hacer política y que vayas a clases como si nada, perrito.

¿Cuál es el objetivo de Bumayé? Creerás que adoctrinarte… Pues la verdad, no. Obviamente, no esconderemos lo que pensamos, pero hay algo en lo que nos diferenciamos de los demás: no te intentaremos pasar gato por liebre. No te diremos que algo es información cuando es opinión. No pretenderemos cambiar números o mostrar datos de “extrañas” o “curiosas” maneras. Lo que más queremos es que mediante estas páginas puedas informarte de lo que acontece en la política de tu universidad, para que no te vengan con cuentos y puedas decidir y opinar siempre con todas las cartas sobre la mesa. ¿Y por qué? Simple, porque creemos en tu libertad y en el rol importantísimo de la información para que puedas ejercerla. No pretendemos estigmatizarte en caso de que votes por A o B, sino que buscamos que votes y actúes por lo que tu cabeza te dicte, no por lo que otros te digan.

Por lo anterior es que nuestra línea es simple: los combos serán allí donde tengan que ser e irán allí donde tengan que ir. Izquierda o derecha. Nos da lo mismo… Y eso no es ser “amarillo” (aunque tus conocidos de uno u otro lado te dirán lo contrario), sino que es parte de comprometernos y jugarnos por nuestros principios, especialmente por la transparencia, algo totalmente contrario a ser “amarillo”.

La tenemos clarita. Desde hoy venimos a hacer lo que mejor hacía Muhammad Ali, es decir, pegar. Sí, damas y caballeros, Bumayé está aquí para darles a todos en donde más les duele: en sus ansias de poder por poder y en el uso indebido de éste.
Sea cortés, ande con cuidado, eduquese lo mas que pueda, respete para que lo respeten, y que Dios nos ampare.