martes, 3 de septiembre de 2013


Luego de la pascua de Felipito, nos toca conmemorar otro hito del folklore chileno. 

Hoy, en tu pichanga de rigor, has resurgir el espíritu patrio y reivindicador con este gesto lleno de hidalguía

Instrucciones 


Para realizar un buen Pato Yáñez:
Sin infringirse daños irreparables a su persona, es necesario seguir estas simples reglas:


  1. Cerciórese que es hombre (si es mujer, no podrá realizar el gesto en su totalidad).
  2. Póngase de pie, en dirección a quien quiera dirigir el saludo.
  3. Separe los pies al ancho de los hombros, y flecte levemente las rodillas.
  4. Deje caer libremente sus brazos a sus costados (cada brazo en su lado correspondiente, si no el movimiento se dificulta en extremo).
  5. Dirija su mano derecha hacia su pelvis.
  6. Acerque su mano hacia su aparato reproductor y gónadas, y tómelos con delicadeza
  7. Apriete la mano hasta asirlos con firmeza sin dañarlos (la presión necesaria la da la experiencia).
  8. La mano izquierda puede acompañar el movimiento o hacer otro gesto adicional (ver diagramas anteriores)
  9. Mueva pendularmente su mano de arriba hacia abajo unas cinco veces (no más de 10 cm de amplitud). Puede acompañar este movimiento con algún mantra como "¡conchetumare!", "¡gil culiao!" o similar.
  10. Relaje la(s) mano(s) y vuelva a la posición inicial
Advertencia: El realizar este gesto más de tres veces consecutivas, tecnicamente es paja

lunes, 19 de agosto de 2013



Por: Eduardo Faúndez

Corrientemente los candidatos a cualquier cargo dentro del abanico de posibilidades que ofrece nuestro sistema político, presentan en tiempos de campaña impecables folletos en los cuales detallan sus propuestas, sus proyectos, sus promesas. Es cosa de ir a una feria libre una mañana de fin de semana, seguramente salgamos con más de uno en las manos.
La primera etapa de estas presidenciales tuvo algo de lo descrito. La generalidad de los candidatos expuso, ya sea en sus campañas o en los debates televisados, una parte de sus propuestas en los distintos ámbitos, destacando, sin lugar a dudas, las respuestas a la serie de conflictos valóricos por los cuales pasa el país hoy. Los ojos y oídos del electorado estuvieron puestos en las posturas que ellos asumen en temas como el aborto, las drogas, el matrimonio entre homosexuales, entre otros.

En resumen, los otrora candidatos de la derecha y Orrego mantuvieron una tibia visión sobre estos puntos, siguiendo con los criterios que históricamente los partidos que los respaldan tienen. Mientras Orrego aullaba que ser católico no es una inhabilidad para discutir temas valóricos, la derecha negaba toda posibilidad de avanzar en modificar algunas de las regulaciones indicadas, salvo el ya célebre AVP o AVC.

Por otro lado, no es desconocido que el único candidato que tuvo una postura radical y consistente en estos temas fue Velasco. Cada una de sus propuestas en estas materias no estaban sujetas a regateos ni a letras chicas: matrimonio igualitario con posibilidad de adopción, aborto en caso de violación, eugenésico y terapéutico, despenalización y autocultivo de la marihuana. El ex ministro de Hacienda se sumó en su campaña a la causa en el que algunos ya llevamos tiempo, la causa de las libertades públicas.

¿Y Bachelet? Era de suponer que la representante de la centro izquierda institucional y amplia, “progresista” y moderada, plantearía similares propuestas a las de su ex ministro, pero no fue ni es así. Basta con revisar su página web para darse cuenta, luego de una búsqueda exhaustiva entre sus escasos planteamientos, que poco y nada hay de aquella llamada “agenda valórica”, salvo una propuesta de una nueva ley de culto, que no sé qué conflicto vendrá a solucionar en concreto. En este panorama, no sólo es reprochable que Bachelet lleve, sin vergüenza, una campaña “del silencio” en gran parte de los temas que son objeto de debate en una presidencial, sino también, en especial, que no se manifieste respecto a ninguno de los tres temas valóricos indicados, por lo cual debemos entender que impera su “paso” y “no está en mi programa” sin restricciones.

¿Cómo deberíamos entender este silencio? ¿Qué hay detrás de la omisión de planteamientos que llevan años en las portadas nacionales? O siendo más concreto, ¿Qué pensará Bachelet y su comando sobre aquella niña de 12 años que siendo violada por su padrastro ahora será madre sin estar preparada emocionalmente para ello? Silencio, un silencio que incluso se escucha.

Bachelet en esta pasada no juega ni con la camiseta que muchos de nosotros rechazarían, el conservadurismo. Peor que eso, juega con el silencio, con la omisión, con la incertidumbre y la vacilación. Bachelet ni siquiera entra al debate de estas libertades públicas, para muchos tan necesarias. No las acepta, ni las rechaza, no las defiende, ni las limita, no merecen ni siquiera una línea en su escrito de programa de gobierno. Nefasto y petulante. La candidata ni un guiño hace a la facción liberal de la ex o actual concertación, aquella que en parte votó por Velasco, demostrando que, con los porcentajes actuales, basta y sobra.

Las razones del silencio son claras y la candidata lo sabe. Su mutismo selectivo se explica por el 73,06% obtenido dentro de las primarias de la Nueva Mayoría. Moverse dentro de las propuesta liberales y/o progresistas significa perder votos de sus principales votantes, la clase media baja y los adultos mayores, dominantes dentro del padrón electoral en donde ese voto en más reacio a cambios valóricos. Tales votantes se preocupan, y con justa razón, de propuestas que concretamente constituyan una mejora económica en sus vidas.
En este escenario es evidente la muy poca vocación de mayoría ideológica y cualitativa que tiene este refrito de la Concertación, aquel que, revisando el equipo económico del comando, sólo eso tiene de liberal. El emblema de la Nueva Mayoría no tiene ánimos de mayoría, padeciendo un “sedentarismo político-electoral”.


Repitiendo, en parte, una pregunta antes planteada, ¿Qué les diría Bachelet a aquellas niñas que producto de una violación quedan embarazadas y que el Estado obliga, bajo amenaza de castigo, a parir al hijo de su agresor, condenándolas posiblemente a la temprana pobreza? El silencio, para ellas, no es una respuesta ni menos una solución.

martes, 6 de agosto de 2013

¿Envidia? Se entiende.
Flor de carrete se está dando el amigo de todos, Charlie Sheen, en plenas vacaciones. Al ídolo se le vio acompañado de tres hermosas mujeres, que resultaron ser sus nuevos "ángeles", actrices de fama... en el mundo del porno.

Las fotos fueron difundidas por TMZ.com, y en ellas figura el ex actor de Two and a Half Men con las tres chicas, en topless. Sin embargo, como nada es para siempre, el viaje terminó, y Chuck ya se encuentra en su casa de Los Ángeles, California... pero claro, junto a ellas.

Sin embargo, esto no para ahí, y los amigos del portal farandulero gringo acabaron  terminaron dando más información sobre las chicas en cuestión.

- Jana Jordan (la rubia), ha protagonizado más de 100 filmes con final feliz, incluyendo Power Munch 3 y 5. Ha sido nominada varias veces para los premios AVN.

- Celeste Star (la morena) no solo actúa en porno... sino que también dirige cintas XXX. No obstante solo figura acreditada en un filme.

- Jayme Langfored (la pelirroja) estudió bioética en la Universidad del Judaísmo en Los Angeles. 

Como dicen por ahí, enjoy!

lunes, 5 de agosto de 2013


Por: Eduardo Faúndez

La política universitaria lleva años navegando por un mar revuelto, donde pocos y diestros pescadores se han llenado sus botes de peces perdidos y obnubilados por discursos cruzados. Poco dista este escenario de lo que sucede en la política “de grandes”, aquella que se hace “en serio”, pero no seriamente. Se replican los modelos y las prácticas. Cada pandilla, en uno u otro nivel, se vale de su número de votos obtenidos como capital endosable al candidato de turno, sin ser en la práctica, voces consideradas en la  confección de un proyecto político en común y viable.

Algunos de los últimos eventos lo han demostrado. Al repudio desaforado que el órgano superior representativo expresó ante un curtido profesor, el desorden  y desastre material dejado por las tomas en algunas facultades y escuelas una vez bajadas, se suma el silencio cómplice de algunos sectores que llevan años planteando en cada instancia que acuden la apolitización o despolitización del quehacer universitario. Unos ya salieron a pescar con poco éxito, otros esperan recoger lo que bote la ola luego del temporal.

¿Qué los hace semejantes? La falta de responsabilidad política sobre sus actos y omisiones. La política y todo quehacer en un espacio social, no sólo se aprecia en el ejercicio de la libertad de decidir qué hacer o no, cimentando la identificación de “los otros” con un ideal “propio” formado por aquellas decisiones circunstanciales, sino también que una vez tomadas y ejecutadas ellas, se debe asumir cabeza gacha sus efectos y consecuencias, bien o mal tomadas por igual, sin derecho a reclamo ni pataleo.

El indispensable escrutinio público sobre las acciones y omisiones que los principales líderes políticos universitarios de hoy ha sido inexistente, y si es que ha existido, se ha bien camuflado en la parafernalia de una avalancha excesiva de discursos, marchas y banderas vistosas. El mayor desprestigio de este movimiento, en el fondo, no ha venido de los frecuentes incidentes y desmanes callejeros, sino de la poca consistencia y perseverancia de sus líderes en la búsqueda de nuevas formas de movilización responsable que marquen la diferencia respecto a una forma de hacer política ya cansada y añeja, esa que ellos mismos critican. La dirigencia política universitaria requiere de lo mismo que exige: mayor transparencia en la administración y gestión financiera, mecanismos de control imparcial permanente, perfeccionar el sistema de elección de los representantes e incluso transparencia en el financiamiento de las campañas a centros de estudiantes y federaciones.

Dos puntos deberían convocar a nuestra reflexión. El primero, la inexistente intención de asumir su responsabilidad de los actores políticos dentro de las universidades, como también el nulo reproche que los estudiantes votantes expresan ante prácticas que siguen intactas a pesar de que varias generaciones de dirigentes hayan pasado, sin pena ni gloria. Y segundo, quizás lo más importante y de fondo, la incapacidad de todo el espectro universitario de repensar los modos en que se presentan las legítimas demandas de los legítimos movimientos.

El fracaso ha sido de todos, de los votantes y de los votados. Optimista espero que algún día no digamos, como lo dijo alguna vez George Bernard Shaw, que “la democracia sustituye la elección por parte de muchos incompetentes por la designación a cargo de unos pocos corruptos.”.  Si buscamos la innovación en la política, los jóvenes tenemos biológicamente el espíritu de iniciarla. Rescatar del naufragio a la democracia universitaria depende de todos. ¿hagámonos responsables de ella?  Acción!

sábado, 3 de agosto de 2013



Valparaíso te amo,
Pero me deprimes.
Valparaíso te amo,
Pero me deprimes.

Como un gato en el techo
Como los muertos de Serrano

Valparaíso te amo,
pero me deprimes.
Valparaíso es hermoso,
No pierdas tu tiempo

Con tu basura y tu desplante
Cuando el día inicia
Con tus calles en desorden

Valparaíso eres perfecto
Por favor no cambies en nada

Tus alcaldes creen que te conquistarán,
Pero siempre serás un puerto sin domar
Naciste sin fundarte, alejado de todo
¿Aún creen los capitalinos que te entenderán?

Como una tarde fría
Y el mar encabritado

Valparaíso te amo,
Pero me deprimes

Tus caletas, los de siempre en Echaurren,
Los extranjeros perdidos

Sin ti, soy Playa Ancha sin viento
Soy la Argentina sin feria
Soy el Wanderers sin el loro gritando con histeria

Valparaíso te amo,
Pero me deprimes

Cuando me alejo de ti,
Recuerdo las tardes en el Alejo
Encumbrando volantín

Valparaíso te amo,
Porque eres melancolía

Soledad, pobreza y cerros poblados
Valparaíso no quiero verte morir,
y que seas solo una leyenda o soneto

[ALI!]



viernes, 2 de agosto de 2013




En horas de esta madrugada, a eso de las 04:00 AM, se desarrolló un incendio en las dependencias del Instituto de Matemáticas y Estadísticas de nuestra PUCV. El siniestro alcanzó, lamentablemente, el edificio patrimonial por excelencia de nuestro Cerro Barón: La Iglesia de San Francisco, y también afectó al colegio Fray Jorge, muy cercano a ambos reductos.

La LABOCAR, de Carabineros de Chile, estuvo constatando cuales podrían ser las causas del suceso y determinaron en un 100% que el fuego comenzó en el IMA y luego se propagó.

Los daños están al borde del siniestro total en el templo, la cúpula está quemada y caída en su totalidad. Los vecinos indicaron que el estruendo más fuerte se hizo sentir al caer las campanas.

En contraste con los dichos de otras autoridades, según las palabras del Jefe de la Labocar de Valparaíso, el capitán Claudio Pavéz, se esgrime aún como hipótesis "alguna falla eléctrica o algún elemento incandescente que haya quedado mal apagado luego de la peña celebrada en la sede de la PUCV."

Acá, las palabras del uniformado.

De paso, estas declaraciones confirmaron el pronunciamiento del Intendente de la Región de Valparaíso, Raúl Celis, quien manifestó saber que el trágico incidente se inició en dependencias del centro de alumnos. Se ha tratado de contactar a la mesa directiva, sin resultados.



BUMAYE!,
Diario dije, monono y cachilupi.

martes, 23 de julio de 2013

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jueves, 18 de julio de 2013


En estos movidos días, hay varias palabras que “suenan bonito” y son ocupadas en el discurso político justificando el más amplio abanico de situaciones, condiciones e, incluso, aberraciones. Así, terminan siendo verdaderamente vaciadas de su contenido. Una de ellas es “democracia”.

La democracia es un concepto principalmente formal que implica ciertas condiciones en las que se desenvuelve la vida política de un Estado: gobierno de las mayorías, respeto a las minorías, respeto de los derechos fundamentales de las personas por parte del Estado, entre otras. La realización de elecciones periódicas no basta, ni está cerca de bastar, para calificar a un país como democracia. Si usted cree que el régimen cubano es justo y que es apropiado limitar libertades políticas y civiles para alcanzar una igualdad material, diga eso, pero no diga que Cuba es una democracia.

Cualquier cosa que por cualquier persona sea aceptada o considerada como legítima no debe ser caracterizada como democrática. La democracia es, esencialmente, forma. Forma, forma, forma. Es una protección formal frente a los desacuerdos que tenemos como sociedad política. Si una medida o acción no cumple con las formas democráticas, aunque se considere como necesaria, no será democrática. Hasta aquí esto es sólo lógica.

Respeto a las minorías. Una representante de la ACES de Concepción indicaba hace algunos días que ellos consideran que una de las medidas necesarias para bajar las tomas de los liceos y colegios es la democratización de los espacios. Analicemos: si se solicita democratización de espacios, lo que se pide es que su uso sea realizado conforme a criterios democráticos e inclusivos. A la par, la medida para lograr eso es una toma. ¿Es una toma parte de la democratización de los espacios? ¿Es una toma algo democrático? No. Aunque se decidiera por la mayoría, al menos, no respeta el derecho de la minoría de acceder a las instalaciones de sus lugares de estudio. Por tanto, la vocera cayó en una inconsecuencia: pedir “democracia” mediante un procedimiento completamente antidemocrático. ¿No suena a una película ya conocida en nuestra historia?

Gobierno de las mayorías. Vamos a casa. La toma que se intentó realizar hace algunos días en nuestra universidad, ¿fue votada por la mayoría? Nuestra universidad está compuesta por 14 mil alumnos y sólo votaron, aproximadamente, 2 mil. Sin embargo, incluso obviando ese importantísimo punto, los números fueron los siguientes: 1347 alumnos votaron “no toma”, lo que representa el 63,4% de los votos, mientras que 775 votaron “toma”, lo que representó el 36,5% de la votación. Hasta aquí, lo obvio sería indicar que la decisión democrática era no realizar la toma de los espacios universitarios, en virtud de la amplia ventaja que obtuvo la primera alternativa. Sin embargo, la magia es más fuerte que los números y al más puro estilo del “¡y paf, nació Chocapic!”, la opción que ganó en nuestro Consejo General de Estudiantes fue la “toma”. Esto, que parece caricaturización y lamentablemente no lo es, demuestra la necesidad urgente de reformar el sistema de toma de decisiones en la FEPUCV. No puede ser que 775 alumnos valgan más que 1347. No puede ser. Eso atenta contra la igualdad aquí y en la “quebrá’ del ají”.

Una última cosa. El ambiente crispado de estas últimas semanas, obviamente, favorece las posturas políticas más extremas dentro de nuestra universidad. Unos, por un lado, ungiéndose ególatramente a sí mismos como los defensores del pueblo y como los únicos con conciencia social, cuando te pasan la máquina por encima cada vez que pueden. Otros, creyéndose dueños del descontento y diciéndote que estamos en la necesidad de despolitizar, como si lo que ellos hicieran no fuera política. Sin embargo, ellos no son los dueños de la democracia.


El dueño de la democracia, sencillamente, eres tú y somos todos.     


                                                                Richard Tepper M. 
  Que desagradable resulta tener que obedecer normas jurídicas reflejo de un criterio moral que se nos pretende imponer. Esa costumbre paternalista tan arraigada en nuestra sociedad es un signo claro de sometimiento ciudadano y un resabio del modo de intervenir propio de la(s) iglesia(s). Que en Chile, por ejemplo, un matrimonio de personas adultas, voluntariamente,  en pleno uso de su capacidad y con el grado de madurez suficiente tenga que esperar un año para divorciarse existiendo acuerdo entre ellas me parece, sencillamente, aberrante. Lo propio sucede en el campo de los anticonceptivos.

  Creo que de una buena vez el nivel del debate debe elevarse obviando la imposición de criterios morales en la dictación de normas jurídicas. Es tiempo que la moralidad sea situada donde exclusivamente le corresponde estar, esto es, en el plano extra-jurídico. Concretamente, la norma jurídica debe ser funcional y no moral.

  Cuesta creer que a estas alturas de la historia humana aún se debata en el parlamento si el aborto o el divorcio son instituciones buenas o malas para la sociedad y, por tanto, dignas de consagrarse jurídicamente, en circunstancias que en Chile se perpetúan más de 200.000 abortos al año y se separan de hecho  y derecho el 50% de las parejas que contrae matrimonio ¿A quiénes sino obstruidos puede importar lo ”bueno” o “malo” de esas realidades sociales cuando lo primordial es regularlas y dar un sustento jurídico que permita sobrellevar el problema e, incluso, resolverlo?  Nada refleja mejor que nuestros problemas jamás serán resueltos mientras recurramos a los políticos para resolver obstáculos técnicos, pero ese ya es otro tema.


  Válido resulta el juicio moral que tengamos respecto a un hecho o circunstancia en particular, pero ello no nos faculta para imponerlo legalmente. Por tanto, ideal se vuelve que una sociedad tenga la opción de elegir y que, para el efecto, el legislador ponga a disposición de los ciudadanos las distintas alternativas existentes. En esa directriz, el acceso al  aborto, el divorcio, la eutanasia, el matrimonio homosexual, las drogas, etc., debiera ser absolutamente legal y abierto. Así,  la ciudadanía podrá escoger y, consecuentemente,  quienes crean correcto fumar marihuana, abortar o divorciarse podrán hacerlo y, a contrario sensu, quienes lo consideren nocivo evitarán hacer uso de esas instituciones o sustancias. Y no crean que la libertad de acceso a las drogas, el divorcio o el aborto generarán un libertinaje o insurrección masivos; al contrario, las medidas de contingencia social terminan siempre por aplacar la consagración legal de estas figuras. Me explico: Las drogas perfectamente pueden ser legales y ello no acarreará un aumento en el consumo de estas sustancias porque el control social ¡Y NO LA PROHIBICIÓN JURÍDICA! hará su trabajo. De esa manera,  la imposición de criterios morales permanecerá estrictamente en el ámbito cultural, pero jurídicamente los individuos tendrán siempre la opción de elegir. Y éste, estimados,  es uno de los  principios rectores que los legisladores debiesen reconocer como piedra angular de su labor. Lo que en algunas doctrinas más progresivas de la juridicidad se denomina “análisis económico del derecho”. 

Natalia Bravo 

“Si nadie se interpone lo debemos celebrar / Feliz feliz no cumpleaños te doy” (Alicia en el país de las maravillas).


Cuando una frase o eslogan, se dice tantas veces, se toma los noticiarios o la portada de los diarios, sólo puede significar una de dos cosas: que es algo urgente; o bien, una menos ingenua, es que esa idea es un “caballito de batalla” de algún grupo que intenta posarse en el día a día, adornada de argumentos, para ser asimilada por la sociedad como algo urgente, siendo en realidad un espejismo.
No sé cómo describir el uso del término “Asamblea Constituyente”, pero para quienes postulamos a la libertad y la igualdad como pilares en la construcción de una sociedad justa, estas palabras hacen surgir interrogantes no fáciles de responder.

Nos ubicamos en tierra de nadie y a veces infértil. Escribimos en medio del fuego cruzado de un duopolio: la derecha postula profundizar un modelo que luego de 30 años no ha alcanzado sus metas, que, en palabras del dictador, prometía que "De cada siete chilenos, uno tendrá automóvil; de cada cinco, uno tendrá televisor, y de cada siete, uno dispondrá de teléfono". Al parecer, superamos la expectativa y nos encaminamos rápidamente al desarrollo, sin pensar que no todo progreso económico es bienestar. Para la derecha mientras suba el PIB no es necesario reformar el sistema político.

La izquierda, o “Nueva Mayoría”, plantea otra interpretación, quizás más facilista: La urgencia de una asamblea constituyente, indispensable e impostergable para re-pensar el sistema político y el Estado que queremos. Una nueva constitución es, para algunos, la oportunidad para definir soberanamente nuestro destino. El diagnóstico de gran parte de esa intelectualidad política es cierto, pero no original. Reconocer el duopolio y la concertación (en el sentido natural de la palabra) que vive la política nacional no amerita un esfuerzo intelectual muy exigente. Basta empaparse del dia a dia, del descontento de la población respecto de los políticos sordos por años ante la demanda de cambio del modelo hacia uno más libre, igualitario, digno y justo.  Demandas como educación de calidad,  sistema de salud eficiente y de mayor cobertura, matrimonio igualitario, legalización de la marihuana, entre otras, son síntomas de una ciudadanía más preocupada por lo público, que supera el miedo a levantar la voz y a manifestar su descontento; el miedo que nos mantuvo silenciados bajo la amenaza de la fuerza, o bien en los egoístas brazos de la Concertación conformista y gobernante en los noventas.

Todo bien hasta ahora. Pero más ingredientes se agregan a esta ensalada. Para el más reconocido historiador de izquierda, una Asamblea Constituyente significa “la cesantía” de la actual clase política. Peligroso, cuando lo esencial de una democracia es que la sociedad se articule en base a partidos políticos o movimientos organizados, y peligroso cuando desconocemos cómo funcionará esta asamblea.

¿Qué debiésemos pensar los liberales no identificados con ninguno de estos bandos? ¿Estamos invitados a la fiesta cuando el discurso se lleva a campos más extremos? ¿Podemos confiar en una propuesta que será llevada a cabo, probablemente, por los mismos que han estado en el poder? ¿Necesitamos una nueva constitución?

Lo último es fácil: necesitamos una nueva constitución, o al menos de cambios sustantivos. Mientras los liberales alentamos los cambios, los conservadores los resisten. Aceptamos el argumento de la falta de legitimidad de la Constitución, pero ojo, ya tiene más de 30 años de vigencia, 5 gobiernos y alternancia en el poder, una democracia madura y un texto con casi un centenar de modificaciones. ¿Conclusión? Esta Constitución ha demostrado no ser tan pétrea como pensábamos; ha sido flexible a los pocos y leves cambios realizados.

La necesidad de una nueva constitución no tiene como requisito fundamental un clima de inestabilidad política, social o económica. Precisamente una constitución, entendida como un acuerdo mínimo y común, debe surgir en momentos en que la sociedad ha trazados puentes entre sectores disímiles, alcanzando cierta estabilidad política y reconoce como pilar el pluralismo, en donde podemos entender la posición interesada “del otro” fuera de la polarización. Esos tres elementos no sucedían en los años setenta y ochenta.

¿Cuál sería una propuesta liberal en este contexto? Sin lugar a dudas, cambiar el sistema electoral. Su liberalización significa dar la posibilidad que mediante el juego democrático posiciones políticas, que actualmente se encuentran fuera del duopolio y con suficiente apoyo, sean representadas y tomadas en cuenta. Liberalizar, antes de una Asamblea Constituyente, significa asegurar la representación de todos los sectores en ella, como también en el diseño de su mecanismo de funcionamiento, del que no tenemos señas. Luego, llegada la asamblea, las propuestas de cada sector deben ganar por exceso, rebasando cada vaso, despojadas de rancias cuotas de poder. El consenso debe primar en las reglas que disciplinen los próximos juegos democráticos, y no barrer con todo lo que ha funcionado bien y nos ha llevado a donde estamos.


No nos engañemos, una asamblea sin reglas claras será una masiva reunión del té de los mismos de siempre celebrando como en “Alicia en el País de las Maravillas” y consolidado sus parcelas de agrado. La torta de la democracia es para todos. Si la alegría no llegó y el desarrollo aún debemos esperarlo, al menos déjennos sentarnos en la mesa, tomar el té y esperar, que esta torta no se pudra.

Eduardo Faúndez
Sea cortés, ande con cuidado, eduquese lo mas que pueda, respete para que lo respeten, y que Dios nos ampare.